Prensa

Otra Parte, Semanal

Australia (Santiago La Rosa, 2017)

Por Matías H. Raia

2/2/2017

¿Cómo se narra la muerte de un hijo? En la literatura, argentina y extranjera, las obras que cuentan la muerte del padre ―el último adiós al hombre que nos vio nacer y crecer― abundan. Sin embargo, pocos han sostenido el desafío de imaginar y narrar el duelo frente a un hijo que fallece, un hijo que ya no será. ¿Qué se hace con todas las esperanzas proyectadas en esa nueva vida? ¿Qué caminos se toman para intentar avanzar y superar la pérdida? ¿Qué produce en una pareja esta desaparición? ¿A quién se culpa? ¿A quién se perdona?

La primera novela de Santiago La Rosa, Australia, arranca con golpe bajo biológico: una pareja embarazada pierde a su bebé a días del parto. Las primeras páginas instalan la descripción de un hogar que permanece inmutable, a la espera de alguien que nunca llegará (la cuna, los regalos sin abrir, los llamados de felicitación en el contestador, la habitación del niño). Este marco comienza a teñir la narración de cierto aire absurdo, una especie de Esperando a Godot maternal-paternal: el narrador y Gabi, la ex madre, se internan en un clima opresivo, agobiante, para terminar en el sinsentido. El clima de extranjería ya viene dado por el marco espacial en el que La Rosa elige situar su historia: Australia. Y es que la pareja de argentinos son exiliados que, post-crisis de 2001, recalan en territorios australianos para intentar una nueva vida. Borrón y cuenta nueva. Ahora bien, esa crisis general que logran esquivar parece inocularse, a pesar suyo, en el narrador y en Gabi: el cuerpo materno (también el paterno) arrastra una crisis, y el futuro promisorio, esa nueva vida por nacer, simplemente se desvanece. O peor aún, se desvanece días antes de ver la luz y marca así la vida familiar de una pátina de pérdida y desorientación.

A partir de la noticia aciaga, el protagonista de Australia mira todo lo que sucede a su alrededor como adormecido: deja a su pareja en el hogar; cierra la puerta de la futura habitación del niño para no verla; se aleja de su casa en busca de compañía femenina; escucha inerte a los médicos que le proponen algunos planes para paliar la situación. Y algo simplemente extraño sucede con la madre que no fue… Algo que enciende el interés de la institución médica y que deriva esa narración desorientada y adormecida hacia reflexiones biopolíticas y situacionistas. Todo sucede a pesar de los personajes, como si estos se sumergieran en una vorágine mediática e institucionalizada que no los interroga acerca de si quieren participar o no del show, del tratamiento, del duelo. El rol de la institución médica en esta historia se vuelve fundamental y deriva hacia límites espectaculares pero verosímiles: el obstetra, como suele suceder en los partos medicalizados, es una superestrella.

Con esos elementos nucleares, Santiago La Rosa construye una novela rápida pero tremenda, con fuertes reminiscencias del teatro beckettiano y la narrativa kafkiana, con tintes biopolíticos y filosóficos. Con otras autoras como Camila Fabbri y Samantha Schweblin, La Rosa pone de relieve que el embarazo, la maternidad y la paternidad son un problema generacional y en literatura pueden transformarse muy rápidamente en una pesadilla o en un sueño absurdo.

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Australia (Santiago La Rosa, 2017)