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Australia: un embarazo psicológico en ascenso (Santiago La Rosa, 2017)

Por Carla Grassi

23/04/2017

El primer libro de Santiago La Rosa narra la historia de dos argentinos que emigraron a Australia con el sueño de establecer una familia. Una novela sólida sobre la paternidad, la vida en pareja y las incoherencias del sistema de salud.

A veces me pasa con ciertos libros… reconozco rápidamente que estoy frente a algo brillante y no quiero llegar al final tan rápido. Australia (Metalúcida, 2016) tiene ritmo de martillo constante y te atrapa desde el principio a un nivel que creo que lo hubiese leído en una noche. Pero decidí leer la mitad, esperar quince días, y volver a agarrarlo para terminar.

La novela arranca con la vuelta a la casa de una pareja argentina viviendo en Australia. Solo sabemos que acaban de perder un embarazo, que algo pasa con ella, Gabi, que debe tomar muchas pastillas. Se cuenta desde el punto de vista del marido quien actúa de narrador, y que empieza a sentir que todo le es ajeno, esa casa, ese país, Gabi. Un cuarto preparado para el bebé que ya tenía nombre porque faltaba poco, muy poco, se mantiene cerrado durante casi todo el libro.

Santiago La Rosa decide introducirse en temáticas oscuras, que todavía hoy siguen siendo (extrañamente) tabú, y las muestra sin filtro, con la crudeza de una realidad que se le corresponde.

Los problemas de la pareja reflotan como si el narrador fuera pisando baldosas que le salpican los pies continuamente. Infidelidad, mentiras, deseos opuestos en un matrimonio que parece tenerlo todo. Tienen la plata, tienen una familia que los apoya, amigos, compañeros de oficina que se preocupan, solvencia en un país considerado “de primera”. Nos enteramos que hubo un primer embarazo que terminó en aborto porque no era el momento indicado. La crítica al estereotipo de familia está permanentemente presente. La historia de ellos es una distopía del mandato social de la familia concebida cuando los padres están económicamente estables, cuando todo marcha bien para dar lugar a un tercero. Pero resulta que nada anda bien.

Llegado el momento en que, aparentemente, ambos están listos para tener un hijo aparecen los problemas de fertilidad que llevan a la pareja a acudir a todo tipo de métodos para la concepción. Gastan muchísima plata en estudios y varios intentos de fertilización in vitro, sin resultados. La frustración, la depresión de ella y los miedos de él, son el motor para seguir intentándolo. Finalmente encuentran al considerado, mejor doctor especialista en el asunto. El Dr. Hughes logra que Gabi quede embarazada. Un milagro.

Algo pasa y el embarazo ya no existe pero ella actúa como si todo siguiera normal. Cuenta los días para el parto, mantiene los cuidados recetados por el médico, se toca la panza y le habla. A su marido lo descoloca no solo la situación traumática de perder un hijo, si no también lidiar con la locura de su mujer. Todo esto lo sobrepasa. Trata de decirle directamente a la cara que ya no está embarazada pero ella no lo escucha. Entonces decide abandonar su trabajo, deja de contestar mensajes, cae en un cabaret en el que conoce a una prostituta ecuatoriana. Cree que se enamora. Derrocha plata para estar con ella y lejos de su casa.

Al mismo tiempo, el Dr. Hughes plantea varias posibilidades para sacar provecho del caso excepcional de su mujer. La mejor opción, dice, es hacer un reality show, un documental y nota sobre “la mujer que cree seguir embarazada”, caso único en la historia de la medicina. El narrador está enajenado. Las cosas le pasan por delante y no toma acción alguna, se deja llevar. La plata cierra.

Se monta un circo alrededor de ella: cámaras, asistentes de producción, redes sociales. La gente reacciona al caso de manera inmediata, se amontona sobre la fachada de la casa con interés pero también con maldad. En el medio de una exposición, Gabi es agredida. El marido no sabe más que el resto del mundo que mantiene el ojo en lo que le pasa a su mujer. Como lectores nos sumamos a esa masa que quiere ver el desenlace de un embarazo psicológico en streaming. La puesta en escena incluye el parto, Gabi con dolores y contracciones reales, actores como médicos con instrumentales de juguete. Aún así, el narrador, con su ritmo que es pasivo y expectante, nos lleva a creer que tal vez algo pueda nacer en medio de esa parodia.

Santiago La Rosa tiene la habilidad de guiar al lector en esta trama que roza lo fantástico. Monta un mundo paralelo a la realidad, ése lugar donde como lector uno se aferra a la fe. El autor nos pone frente a las peores miserias del ser humano, del sistema médico y de la comunicación excesiva, sacada y extrema que vivimos hoy. Al leer Australia, se está frente a una narración brillante y sólida, que nos apela porque derriba conceptos, al mismo tiempo que vemos tres vidas que se derrumban frente a nuestros ojos.

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Australia: un embarazo psicológico en ascenso (Santiago La Rosa, 2017)