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YAMILA BÊGNÉ

YAMILA BÊGNÉ

Buenos Aires, Argentina,1983.

Yamila Bêgné integró la antología Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (Norma, 2006). Protocolos naturales es su primer libro publicado.


Extractos

Sobre Protocolos naturales:

“Los Protocolos naturales de Yamila Bêgné conforman once relatos cuyo principio constructivo (podríamos acercarnos a decir que entre tantas cosas), es el paso a paso de las acciones y los grandes objetivos. Siendo aquí la voz presente de esta reseña una autoproclamada neurótica obsesiva de las listas, los cronogramas, los calendarios y agendas, resultó alentador en la lectura saber que el protocolo contiene en su germen su autodestrucción: el plan es una insatisfacción -aquello deseado y no logrado. De allí se desprende lo que el título adelanta oximonóricamente: lo protocolar como construcción artificial del sujeto y la naturaleza como fuerza que ingresa a hacer lo que quiere: lo incontrolable en el intento de control. En este pequeño caos, protocolo y natural se requieren simultáneamente (casi como ocurre con el objeto libro: sus tapas deben ser mostradas simultáneamente).”

Eliana Galanda

 

Sobre Protocolos naturales:

“Las cifras, los números, las medidas son recurrentes en la narración de los once relatos. Bajo esa forma delimitada y por la cual podría pensarse que la estructura imperaría por sobre la espontaneidad, Yamila Bêgné juega a desmenuzar lo exacto bajo la intromisión de un estilo que no descansa en la opacidad de lo simple, y lo hace bajo el rédito de la creatividad.”

Pablo Mendez

 

Sobre Protocolos naturales:

“Durante gran parte de mi vida no supe quién era Yamila Bêgné, pero justamente el encanto de su descubrimiento es los años que estuvo ausente de mis lecturas, escribiendo textos que, tiempo después, releería y, sobre todo, me inspirarían. Pues si pienso en ella como escritora, en Protocolos naturales, en su imaginación vegetal, en la emoción científica de su narrativa, no sólo recupero los días en que ignoraba su existencia, sino también recuerdos propios que creía perdidos y, esa es la mayor virtud de cualquier escritor que, empleando pocas palabras, construye la máquina del tiempo.”

Damian Marcel

 

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