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Revista Charleston

Barro primigenio: Como si existiese el perdón (Mariana Travacio, 2016)

Por Martín Gómez

24/10/2016

La sensación primera luego de terminar de leer Como si existiese el perdón es el de la nebulosa. Capítulos cortos, algunos con una extensión de menos de media carilla es lo que constituye esta novela corta sobre un grupo humano en lo que parece ser un escenario campestre atemporal, donde la mayor violencia proviene de la naturaleza.

 La brevedad de los capítulos y lo espaciado de su disposición le dan aire a las páginas y a la lectura del libro, aunque la historia que cuenta sea espesa.  Manoel es el protagonista, de quien recién nos enteramos de su nombre en la página 25 y de boca de otro personaje, quien se encuentra con el deseo de venganza de repente, por un hecho fortuito, al conocer a José, uno de los hermanos Loprete, quienes mataron a sus padres. José es un borracho que hace su aparición buscando, en apariencia, una cabra que concuerda con el nombre de una mujer. “Nunca necesité mujer”, es lo único que llega a decir antes de morir prematuramente en el texto.  La locura ronda en la familia, apretada, sin aparente relación con el exterior, surgidos de un barrio primordial que no necesita de la reproducción. Un par de reseñas vinculan la novela de Mariana Travacio con el realismo mágico de García Márquez, pero las miserias que describe la acercan más a Faulkner, al terruño oscuro e incestuoso más que a la Latinoamérica colorida.

 La venganza planeada en flashes página a página apenas devela detalles de los personajes, solamente hay avance. La matanza final es contra esa masa que son los Loprete, es una lucha contra la tierra misma que se vuelve carne y sangre. La contratapa firmada por Marcelo Carnero se refiere a un libro poblado de voces, pero eso queda en la cabeza de Manoel; más bien, la lectura es táctil, además de olfativa y visual. Recurre más al asco que al dilema moral. La culpa por la venganza es la única voz que aparece hacia el final,  cuando la nebulosa se disipa y le deja el lugar a la razón.

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Barro primigenio: Como si existiese el perdón (Mariana Travacio, 2016)