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Metalúcida
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Highlife (Leye Adenle, 2017)

Por Raúl A. Cuello

2/11/2017

Easy Motion Tourist es —además del título original del libro de Adenle— un tema del intérprete nigeriano King Sunny Adé. Su estilo musical ha sabido fusionar ritmos tradicionales de distintas latitudes africanas: así, el habla “yoruba” se conjuga en sus temas con la percusión del tipo “apala”, ambos muy característicos del género Highlife (tal el título de la versión castellana), que va revelándose conforme se avanza en la lectura del libro y se edifica como un antídoto contra todo lo que representa una “vida elevada”. De la primera hasta la última página, Highlife nos sume en un reducto en donde sólo hay espacio para la violencia más desenfadada e irracional que puede encontrarse en el panorama literario actual.

Es una obra híbrida en todo el sentido de la palabra. Adenle trabaja con las herramientas del policial posmo, que se mixtura con una mirada que viene de la cinefilia propia del blaxploitation, y hurga en el submundo nigeriano de la trata de mujeres y en la venta de órganos. Aquí no existen las reflexiones profundas ni los cuadros poéticos; la imagen que se pretende transmitir es la de la más pura sordidez. Ya en el primer capítulo nos encontramos con un episodio brutal: “‘Tiraron a una chica afuera’, dijo. ‘Ahora. Recién. Le rebanaron las tetas y descartaron el cuerpo en la zanja’”. El lacónico retrato de una mutilación produce en el lector un efecto seco, un golpe de realidad sin condicionantes. Gracias al acierto de la traductora en mantener el “tono” del habla coloquial nigeriana y sus jergas y giros de estilo, se puede palpar por momentos la aspereza propia del cotidiano y oscuro universo que habitan estos personajes africanos.

Otro de los aspectos interesantes de la novela es la elección de una “mujer dura” que viene a reemplazar al hombre de acción que da patadas voladoras y golpes de puño a lo Jack Reacher. La performance de Amaka (la heroína de Adenle) es una tentativa de superación del hombre non castrato al que hace referencia Nicolás Mavrakis en su interesante reseña de Noche caliente. Dos historias de Jack Reacher. Su personaje es una pura voluntad haciéndose palpable —dejando atrás todo materialismo potencial— en una subjetividad que busca recuperar a las víctimas de la explotación sexual.

La sensación que queda después de leer Highlife es que en este mundo no hay escapatoria alguna: todos, tarde o temprano, pierden y lo hacen de manera traumática, como ese personaje que se rehúsa a delatar a su banda y mientras es torturado sabe “que de todas formas va a pudrirse sin entierro, desperdigado como basura por los alrededores del santuario; juguete de los dioses”.

 Leye Adenle, Highlife, traducción de Lula Verki, Metalúcida, 2017, 384 págs.

http://revistaotraparte.com/semanal/otras-literaturas/highlife/

 

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Reflejos en charcos de sangre. Entrevista a Leye Adenle (Leye Adenle, 2017)

Por Damián Blas Vives y Nicolás Ferraro

24/10/2017

Highlife, la novela del nigeriano Leye Adenle, nos arroja a la noche de Lagos, donde la violencia y el sexo invaden cada minuto.

Mujeres para las cuales un neón es la única posibilidad de iluminación, donde la prostitución es la solución cuando no hay más soluciones.

Mujeres desnudas, muertas, ultrajadas, despedazadas al costado de la calle.

El cartel de bienvenida a la novela. Usted está en Highlife, bien podría decir.

¿Qué pasa con estas mujeres?

¿Cómo terminaron ahí?

¿Qué rol juega la policía?

¿Qué papel tiene la magia negra?

Y ahí es donde entra la heroína de la novela, Amaka, que con la ayuda de Collins, un periodista británico, intentará descubrir algunas de estas respuestas.

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¿Qué lo llevó a dedicarse a la narrativa y por qué el género negro?

Tenía una historia que contar. Empecé a contarla, simple y honradamente, y salió de la manera que lo hizo. La historia vino primero, y vino con su propio género. Tenía que ser contada de la manera que fue contada.

¿Cómo planteó la estructura narrativa de Highlife?

Permití que la historia tallara su propio camino. No empecé con una estructura – un comienzo, un medio o un final. Empecé con la primera linea y dejé que la historia me dictara su propia estructura. Así es como me gusta escribir. Quizás porque soy muy vago a la hora de hacer un plan en el principio, o quizás disfruto ser sorprendido por mis personajes mientras la historia se desenvuelve a través del ejercicio de la escritura.

¿Hablemos sobre el rol de la mujer en su país y los alcances de la prostitución?

Las mujeres en Nigeria, al igual que las mujeres del resto del mundo, continúan sufriendo directa e indirectamente los efectos del patriarcado. La prostitución es otra porción de vida en donde el patriarcado pone a las mujeres en un desventaja particular. Cualquier sistema, sea un gobierno o un negocio o la sociedad, construido por la dominio masculino, siempre engaña, maltrata, abusa o lastima a sus mujeres. Es triste que con todo la iluminación que declaramos haber conseguido en el mundo de hoy, los hombres todavía dominen todo. Los Parlamentos, con excepción del de Canadá, son dominados por hombres. Los que controlan el mundo son casi exclusivamente hombres. La mayoría de los CEOs de las empresas multinacionales son hombres. Donde mires, los hombres están en control. Como especie, no parece que tengamos la posibilidad de corregirnos a nosotros mismos.

En cuanto a la construcción de personajes nos interesa saber cómo encaró el de Amaka.

Amaka, la heroína de Highlife, es un personaje compuesto por mucho de las mujeres que estuvieran en algún que otro momento en mi vida. En ella reconozco a mi madre, mis hermanos, mis viejas amantes, las chicas de las que me enamoré, mis colegas, y muchas otras mujeres que conocí en mi vida. Ella representa las mujeres que conozco. Su voz, de la manera que está plasmada en Highlife, es la voz de esas mujeres.

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Su novela participa de la estética revulsiva de los filmes de blaxploitation, cierta tendencia a lo erótico, grotesco y violento, ahora bien, ¿cuántos de estos elementos están presentes en la cotidianidad de los bajo fondos nigerianos y cuántos son artilugios narrativos?

La violencia y el sexo son hechos de la vida, de la misma manera que el nacimiento y la muerte, o respirar y dormir. En la violencia destructiva de la guerra, los soldados cansados de asesinar o de tratar de no ser asesinados, todavía tienen tiempo de ocupar su lujuria o su amor en los brazos de una compañera o un par de compañeras. No hay nada grotesco en la yuxtaposición del sexo y la violencia, pero depende del gusto, asumo. Para mí es un espectáculo. ¿Es Nigeria más o menos violenta que Estados Unidos? La respuesta es un empático no. Los hombres, en cualquier lugar del mundo que los encuentres, son igual de miserables, malditos, egoístas, fácilmente seducidos por la codicia y la violencia, y fácilmente llevados a la destrucción y la guerra.

Siendo una República representativa, ¿Qué rol ocupa el gobierno en cuanto al hampa y cuál es el rol del empresariado?

Es justo asumir que los criminales ambiciosos aspirarían a la cima de sus carreras criminales. Esta cima de su criminalidad es, en ocasiones, una posición elegida. ¿Qué tan más poderoso puede ser un criminal que si él o ella fueran los únicos haciendo las reglas y leyes de la tierra? Además, cada criminal que se hizo una fortuna y se las arregló para seguir vivo el tiempo suficiente para disfrutarla, debe querer limpiar la mancha de crimen de su riqueza. ¿Qué mejor manera de conseguir esto que haciéndose un lugar dentro de un negocio legítimo? Los crímenes y los negocios siempre van a ir de la mano. La diferencia entre un matón y un político es, a menudo, que uno te roba con una pistola y un cuchillo, mientras que al otro vos le diste el mandato electoral para que te robe de forma legitima.

Desde el Observatorio Hispanoamericano de Género Negro y Criminal consideramos esta literatura como un vehículo efectivo para ciertas ansiedades sociales –conscientes o no en los escritores y en los lectores-, en tanto que, cuando se piensa el crimen, se está pensando, aunque más no sea tangencialmente en el derecho y, por lo tanto, en la construcción imaginaria del Estado y de la sociedad. ¿Está de acuerdo con este postulado? ¿Puede profundizar en el tema?

Hasta un cierto punto, toda ficción es un reflejo de los trabajos de la mente del escritor. Somos el reflejo de los lugares donde hemos vivido, la gente que hemos odiado y amado, los gobiernos que nos han acosado, las sociedades que nos han defraudado. En el género negro y criminal, nuestras historias deben tener consistencia interna, el misterio que presentado a nuestros lectores debe ser creíble, si no no hay nada para resolver. Esto significa que no podemos dejar que la fantasía nos lleve muy lejos de la realidad. Debemos escribir de gente y cosas con las que estamos familiarizados y sean reales. En otros palabras, debemos copiar la sociedad. Debemos reflejar el mundo como verdaderamente es.

¿Por qué creés que el género negro está tan difundido por todo el mundo en este momento? ¿Se trata de una estrategia de mercado o de una necesidad de repensar los fundamentos de la sociedad moderna?

Hubo un tiempo donde leer y escribir eran un lujo solo permitido a los ricos. Como resultado de eso, los libros que eran escritos eran determinados por los gustos y los caprichos de la élite que eran los benefactores de los artistas y escritores. Esos días se terminaron hace rato. El gusto de pocos ya no determina el producto de la literatura, o limita la capacidad de sus creadores. Donde antes los patrones ricos no aprobarían una historia que narrara la explotación de las masas como suele mostrar, en ocasiones, el género negro, hoy podemos escribir de los criminales de las altas esferas. Podemos escribir acerca de un mundo menos idealista. Podemos contar una historia como debería ser contada, sin la censura que los guardianes, mediante su poder, imponían.

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La inclusión del personaje de Collins habla de la posibilidad que generan los medios y, en especial de la mirada externa en el equilibrio de poderes. ¿Cuál es su visión al respecto?

Con Collins quería mostrar la ciudad de Lagos a través de los ojos de alguien que la experimentaba por primera vez. Quería darle vida a Lagos sin recurrir a páginas cargadas con una prosa tediosa y llenas de descripción. Quería a alguien que describiera Lagos como, como una lagosiano conoce Lagos. Hubiera sería irreal para una persona que vive en Lagos reaccionar a Lagos de la manera que Collins lo hizo. Además le di a él ojos de periodista para que fuera más propenso a darse cuenta de cosas y hablar acerca de ellas a través de un dialogo interno.

¿Su formación transcurrió en el exterior del país? Si es así, ¿cómo cree que influyó esta alejamiento en su mirada?

Empecé a escribir cuando era un chico en la escuela primaria. En ese entonces nunca había viajado afuera de Nigeria. Me hice hombre en Nigeria. Para cuando me mudé a Inglaterra para hacer mi maestría, las bases de mi visión mundial ya estaban muy constituidas. Dicho eso, soy la suma total de las experiencias que he tenido. Ahora mismo, he vivido la mitad de mi vida en Nigeria y la otra mitad en Inglaterra y visité docenas de países en el medio. Todo lo que hago es un reflejo de eso y más.

Más allá de lo que aparece en la novela, ¿cuál es el lugar de la magia negra o de los rituales paganos en la sociedad nigeriana y cuál es el rol de las religiones organizadas?

Los sacrificios humanos, contratar fuerzas sobre naturales para vencer a los ejércitos enemigos, curar mágicamente enfermedades y volver de la muerte, y todos las otras cosas milagrosas en la Biblia tienen su contracara en las religiones africanas tradicionales.

Lo que Occidente llama magia negra no es más siniestro que las religiones indígenas de la gente africana. Es llamada magia negra porque solo el Salvador Cristiano tiene permitido volver de la muerte. Cuando un africano lo hace, es diabólico. Es magia negra. Cuando Songo llama al trueno y lo controla con su hacha es magia negra. Cuando Thor hace lo mismo, se convierte en un blockbuster de Hollywood.

Religión organizada es crimen organizado. No quiero decir mucho acerca de eso porque podría revelar detalles de la historia de una nueva novela.

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¿Cuál fue la recepción de la novela en Inglaterra y cuál la de Nigeria?

Tuvo buena recepción en todos lados. Todavía estoy esperando vender un millón de ejemplares así puedo irme a Argentina y vivir el resto de mis días tomando vino en los bares de Buenos Aires.

Profundicemos un poco en el concepto de “exiliados económicos” que aparece en la novela.

Esta misma mañana mientras me duchaba, reflexionaba acerca de la naturaleza egoísta de los seres humanos relacionado con el tratamiento hacia los refugiados. Imaginate que vos estás en un bote en el medio del océano, y en el océano alrededor tuyo hay un par de pobres diablos aferrándose a un par de piezas flotantes de su embarcación destruidas. Imaginate también que vos tenés suficiente espacio y comida para ellos en tu barco. Sí, vos tendrías que compartir tu espacio y tu agua y tu pan con ellos, pero por el precio de este inconveniente donde tu vida no se ve amenazada, vos podrías salvar a estos hombres, mujeres y niños que están a punto de ahogarse. ¿Qué harías?
Me maravilla que los hombres pueden cerrar sus puertas a la gente que huye de las guerras, el hambre, economías destrozadas y otros desastres.

¿Cómo modifica el mapa del continente africano el ingreso de las inversiones chinas? ¿Modifica el mapa de poder político?

El despliegue de China en África es tan nuevo que las futuras ramificaciones todavía no pueden ser conocidas. Una cosa que puede ser dicha acerca de nuestros hermanos chinos es que parece que a ellos les gustan bastante de las mujeres africanas. Un montón de chinos se están casando con mujeres africanas en los países africanos que convirtieron en su hogar. Me pregunto por qué.

http://evaristocultural.com.ar/2017/10/24/reflejos-en-charcos-de-sangre-entrevista-a-leye-adenle/

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Locos por los libros: Filba, ineludible punto de encuentro entre escritores y lectores (Leye Adenle, 2017)

Por Gabriel Caldirola

2/10/2017

Hubo talleres, conferencias, entrevistas públicas, música, lecturas colectivas y otras íntimas y raves poéticas; unas 10.000 personas asistieron al festival de literatura, que sigue creciendo

Lecturas íntimas: el autor y su lector, a solas

Lecturas íntimas: el autor y su lector, a solas. Foto: LA NACION / Daniel Mella

Ayer llegó a su término la novena edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba), que desde el miércoles pasado desplegó talleres, conferencias, entrevistas públicas, performances y otras actividades, todas gratuitas, en el Malba y en la Biblioteca Nacional. Más de un centenar de escritores de diferentes países (Francia, Suiza, Inglaterra, Islandia, Nigeria, Estados Unidos, España, México, Colombia, Chile, Uruguay) se dieron cita con un profuso público de lectores, con propuestas que incluyeron un recital de la cantautora mexicana Julieta Venegas junto al uruguayo Martín Buscaglia en Xirgu Espacio Untref.

Una de las novedades de este año, además de una feria de editores y una muestra fotográfica, fue la Biblioteca Nacional como sede durante el fin de semana. “La apuesta de mudarnos a la biblioteca”, comenta Gabriela Adamo, directora ejecutiva del Filba, “respondió a una necesidad de mayor espacio. Era un riesgo, pero estamos felices porque todas las actividades estuvieron llenas de gente”.

El eje temático que vertebró esta edición del festival fue la violencia. Con el nombre “Tiempos violentos” (en alusión al film de culto de Quentin Tarantino), se organizaron charlas, lecturas y paneles, entre los que se destacó la clase abierta que dictó Martín Kohan sobre la “violencia en la literatura argentina” a partir de una obra fundacional como El matadero, de Esteban Echeverría. “El tema fue muy convocante -recapitula Adamo-, se ve que tocamos el nervio de un asunto muy presente y con mucha necesidad de ser debatido, porque tanto los escritores como el público reaccionaron con gran interés.”

El miércoles tuvo lugar en el Malba la conferencia inaugural, en la cual el escritor Juan José Becerra disertó sobre cómo la escurridiza materia de la literatura puede convertirla en una forma de resistencia. El jueves y el viernes, la muestra Verboamérica y la exposición de la fotógrafa Diane Arbus convocaron a escritores como Leye Adenle, Jean Echenoz y Mariana Enríquez a leer textos alusivos a algunas de las obras expuestas. Durante el fin de semana, la Biblioteca Nacional se convirtió en el centro de actividades. El sábado empezó con talleres: de traducción, de crónica y de poesía. Por la tarde, en una lectura de textos confeccionados especialmente para la ocasión, cuatro escritores propusieron recorridos por ciudades. Teresa Cremisi, italiana nacida en Alejandría que vive en París, intentó eludir los clichés de tarjeta postal que recubren Venecia para descubrir otra mirada de la ciudad. Ignacio Martínez de Pisón optó por Barcelona, ciudad en la que vive, para rememorar una bohemia intelectual catalana ya extinguida. El chileno Roberto Merini, por su parte, propuso un recorrido imaginario por Santiago según el concepto de “ciudad mental”. Finalmente, el islandés Sjón ofreció un relato notable sobre Reikiavik acompañado por un video.

Bibliotecas ambulantes para lectores curiosos

Bibliotecas ambulantes para lectores curiosos. Foto: Patricio Pidal/AFV

La mesa más informal y distendida, moderada por la periodista Eugenia Zicavo, tuvo como invitados a Julieta Venegas; los actores Gonzalo Heredia y Rita Pauls, y el divulgador científico Diego Golombek. Cada uno habló sobre los libros que le “salvaron la vida”. Pedro Páramo, de Juan Rulfo; El extranjero, de Albert Camus; La niña que iluminó la noche, de Ray Bradbury, y El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, fueron algunos de los títulos que se mencionaron a lo largo de una conversación animada con un auditorio lleno.

Mientras en la terraza de la biblioteca tenía lugar un vermut de poesía, el panel “Los equivocados” se dedicó a indagar el lugar que ocupa el error (y su contracara, la corrección) en la literatura, en un diálogo de Matías Capelli con el escritor francés Jean Echenoz (que el miércoles había mantenido una fecunda conversación con Pedro B. Rey en el Malba) y el suizo Peter Stamm. La velada terminó con una rave poética en la explanada de la biblioteca, con lecturas de poesía y música electrónica.

El domingo, durante el cierre del festival, se destacó la mesa “La canción como texto”, en la cual Julieta Venegas, el crítico Pablo Schanton y Sjón (quien, además de ser narrador y poeta, colaboró escribiendo letras para su compatriota Björk) reflexionaron, en una mesa moderada por Pablo Plotkin, sobre la especificidad de las letras de las canciones y las maneras en que se vinculan y se distancian de la poesía. Algunas actividades menos convencionales completaron el programa. En una performance pergeñada por Lola Arias y Ulises Conti, cada asistente donó un libro y, a cambio, recibió otro con instrucciones para un recorrido personal por sectores poco frecuentados de la biblioteca. Las “Lecturas 1 a 1″ propusieron una curiosa forma de encuentro: escritores y lectores se dieron cita a solas en diferentes rincones de la biblioteca para una lectura íntima. Finalmente, la “Silent Reading Party” puso en cuestión el carácter intrínsecamente solitario de la lectura: cada uno con su libro, los asistentes participaron de un ejercicio de soledad compartida, leyendo juntos en silencio.

“Una cosa de la que estoy especialmente orgullosa este año -concluye Gabriela Adamo- es que participaron muchos autores con su primera obra. El festival sirvió como plataforma para que los lectores argentinos los conozcan, y eso muestra que ya estamos consolidados como festival, lo cual nos permite hacer el trabajo más fino de presentar autores nuevos.”

El encuentro, en seis claves

Autores debutantes

El festival apostó por algunos escritores con un solo libro publicado, como la británica Claire-Louise Bennett, el norteamericano David James Poissant y el nigeriano Leye Adenle

Escritores europeos

Entre los invitados de mayor renombre se destacaron el francés Jean Echenoz, el suizo Peter Stamm y el islandés Sjón

Desde África

La revelación de este año fue el autor nigeriano Leye Adenle, cuyo thriller sobre la trata de personas, Highlife, fue publicado recientemente por el sello Metalúcida

Música desde México

La cantautora Julieta Venegas fue una de las figuras estelares. Brindó un recital junto a Martín Buscaglia y participó, en calidad de lectora, de paneles sobre literatura

Memoria

Los textos que los escritores confeccionaron para el festival van a publicarse durante las próximas semanas en el sitio web del Filba: filba.org.ar

10 mil visitantes

Es la cantidad de personas que asistieron a un centenar de actividades, que incluyeron talleres, entrevistas, lecturas, performances, paneles y un concierto. Todos los talleres colmaron su cupo

http://www.lanacion.com.ar/2068303-locos-por-los-libros-filba-ineludible-punto-de-encuentro-entre-escritores-y-lectores

FILBA 1 OCT 2017

“Justo antes del Big Bang”: violencia, ficción y periodismo en la última jornada del FILBA (Leye Adenle, 2017)

Por Germán Padinger

2/10/2017

Los novelistas Leye Adenle y Belén Gopegui, junto al periodista de investigación Cristian Alarcón, debatieron sobre las relaciones entre literatura y violencia y la necesidad de contar hechos violentos durante el panel “Todos contra todos”, en el cierre del festival internacional.

¿Qué relaciones hay entre literatura y violencia? ¿Qué influencia tiene la ficción en el mundo? ¿Cómo nace la necesidad de contar la violencia? Estas son algunas de las preguntas realizadas el domingo en el último día del 9° Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA), dedicado entero a esta temática, y que intentaron responder tres escritores con experiencia en la difícil tarea de contar la monstruosidad.

Con la moderación de Ana Prieto, el panel “Todos contra todos” incorporó en el auditorio de la Biblioteca Nacional al nigeriano Leye Adenle, la española Belén Gopegui y el chileno Cristian Alarcón para debatir sobre la violencia en el mundo y en sus textos, y las relaciones con la ficción y la no ficción.

“Hay ficción que está cambiando el mundo, como las noticias falsas de Rusia que colocaron a Donald Trump en la Casa Blanca“, comenzó, contundente, Adenle, novelista y cuentista de policiales nacido en Lagos en 1975 y radicado en Londres, Inglaterra. “Cualquier cosa escrita tiene poder”, agregó.

A manera de matiz, Gopegui concedió que la ficción tiene influencia, “pero para frenar la violencia hay elementos más contundentes que una novela“. La escritora madrileña acaba de publicar la novela Quédate este día y esta noche conmigo.

Leyen Adenle y Belén Gopegui (@FundacionFilba)

Leyen Adenle y Belén Gopegui (@FundacionFilba)

Mientras que Alarcón, periodista narrativo nacido en Chile en 1970 pero con residencia en Buenos Aires, consideró que es “hora de desembarazarse” de las misiones que pueda tener la escritura.

“Me tuve que desembarazar de la misión de que mi texto tiene que cambiar el mundo para poder crecer como escritor”, consideró el autor de las crónicas Cuando me muera quiero que me toquen cumbia y Si me querés, quereme transa, y agregó que “el periodismo nunca cambió el mundo”.

Los tres autores describieron las diferentes conversaciones o momentos que dieron origen a sus principales obras. En el caso de Gopegui, su novela de 2014 El comité de la noche sobre dos mujeres que luchan contra el tráfico de sangre se originó el día en que escuchó a un empresario ofrecer pagar, en lo peor de la crisis financiera, por la sangre de los españoles desempleados.

Mientras que Adenle comenzó a escribir Highlife, su primera novela editada en 2016, a partir de la pregunta de qué podía hacerse frente a los episodios de mutilación y asesinato de prostitutas, con fines ritualísticos para la práctica de magia negra, en su Nigeria natal.

Cristian Alarcón (@FundacionFilba)

Cristian Alarcón (@FundacionFilba)

En el caso de Alarcón, una de sus últimas investigaciones periodísticas titulada Un crimen de odio en la ciudad del poder partió de la cruenta noticia del hallazgo de un cráneo, sin rastros de materia orgánica y “perfectamente cercenado entre la segunda y tercera vértebra”.

Centrada en la violencia como eje de nuestro tiempo, Gopegui volvió la difícil situación económica en España y consideró que “un curriculum es un documento de barbarie, violencia es tener que suplicar que te dejen trabajar, que te dejen ganarte el pan“.

Mientras que Adenle se refirió a la “normalización” de la violencia en los medios y la literatura, y la problemática que trae para los escritores que no deben caer en la trampa de “glorificarla” pero al mismo tiempo tampoco deben “limpiarla” hasta que sea irreconocible.

“Boko Haram quiere que escribamos sobre ellos, es nuestro deber ignorarlos”, consideró con respecto al grupo terrorista que opera en el norte de Nigeria.

El panel estuvo moderado por Ana Prieto (@FundacionFilba)

El panel estuvo moderado por Ana Prieto (@FundacionFilba)

Alarcón hizo hincapié, en cambio, en la funcionalidad de las violencias en este “poscapitalismo criminal en el que vivimos”, con una cultura pop enlazada con la violencia y hasta una “performance” de la muerte.

“La sacralización que más me preocupa hoy es la de la corrección política, la del progresismo que se satisface hablando de violencia“, resumió.

Sobre el final del debate un participante del público quiso saber si alguna vez la humanidad vivió tiempos que no fueran violentos.

“Justo antes del Big Bang”, fue la respuesta de Adenle.

https://www.infobae.com/cultura/2017/10/02/justo-antes-del-big-bang-violencia-ficcion-y-periodismo-en-la-ultima-jornada-del-filba/

 

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La violencia en la mirada de un escritor con sangre real (Leye Adenle, 2017)

Por Daniel Gigena

28/09/2017

Nieto de un rey, el nigeriano Leye Adenle llega como un peregrino a la tierra de su dios, Borges, para participar del festival literario con su thriller social Highlife, sobre la trata de personas

Para participar de la novena edición del Filba, el nieto de un rey africano visita Buenos Aires durante esta semana. El nombre completo de Leye Adenle (1975) es idéntico al de su abuelo soberano: Oba Adeleye Samuel Adenle I. Vive en Londres, donde escribió su primera novela, Highlife, recién editada en la Argentina por el sello Metalúcida. La familia de Adenle lo considera la reencarnación de aquel rey de la ciudad de Osogbo, pero en Europa él sólo ejerció uno de los atributos de su abuelo, que escribía historias en lengua yoruba. Él lo hizo en inglés. Además de un personaje carismático, Adenle es la nueva revelación del thriller social y étnico, que transita un paisaje narrativo poco frecuentado por los lectores occidentales.

“La historia surgió de una conversación entre mi madre, dos de mis hermanos y yo -cuenta Adenle-. Cuando estamos juntos, tenemos largos debates sobre una amplia gama de temas. Esa vez, algo llevó la charla a la cuestión de los cadáveres desnudos de mujeres abandonados en la vía pública. Una imagen que es, tristemente, muy frecuente en la Nigeria de hoy.” El autor confiesa que allí se piensa que esas víctimas son prostitutas y que esas muertes están vinculadas a rituales de magia negra. Highlife desarticula las creencias y formula hipótesis más terrenales y siniestras.

Convocado a un encuentro literario que tendrá como argumento central el de la violencia contemporánea, Adenle reflexiona sobre los asesinatos de mujeres. “No se debe permitir que la violencia contra las mujeres se convierta en un tema tabú que barremos bajo la alfombra -remarca-. Hay que enfrentarlo, exponerlo y desafiarlo.” No obstante, señala que fue el tema el que lo eligió a él. “La historia vino a mí como una serendipia. Una vez que la tuve, todo lo que podía hacer era sentarme y ver la historia cobrar forma”, dice.

La responsable de editar al escritor africano en la Argentina fue una mujer. “Hace un par de años leí un artículo sobre la literatura nigeriana actual y pensé que sería interesante traer al rioplatense literatura de allí -cuenta a LA NACION Sandra Buenaventura-. Cuando este autor me llega a través de una editora extranjera, leí inmediatamente y ya desde las primeras páginas sabía que quería esta novela para Metalúcida.” Buenaventura se doctoró en Letras en París y allí leyó a varios autores africanos, sobre todo senegaleses. “También vi mucho cine de la blaxploitation, que es un tema que la novela aborda.” En otoño, Metalúcida publicará una novela de la autora nigeriana Sarah Ladipo Manyika (1968), Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun, finalista del premio Goldsmiths en 2016.

Hoy, en un recorrido con texto por las salas del Malba, y el domingo, en un panel que se preguntará en la Biblioteca Nacional “¿Cuáles son los caminos contemporáneos a través de los cuales la literatura puede hoy interrogarse sobre la violencia global?”, el escritor nigeriano participará por partida doble del Filba en el Malba. “Mis cuentos son un homenaje a mi dios absoluto de la forma, Jorge Luis Borges -agrega-. No puedo poner adecuadamente en palabras lo que significa para mí estar visitando su tierra natal. Es como una peregrinación. Una de las más importantes para mí.” ¿Qué hará una vez que pise tierra sagrada borgeana, además de debatir con colegas? “Me encanta el vino tinto -dice a propósito de su primera visita a Buenos Aires-. Hubo un período de mi vida en que el malbec argentino era mi bebida favorita absoluta en el mundo.” Habrá que descorchar, entonces, y brindar por la primera novela de un escritor con sangre real en las venas, que ya se encuentra en las librerías porteñas.

La Novedad

Highlife

Autor: Leye Adenle

Editorial: Metalúcida. Es la primera novela que publica el escritor nigeriano, sobre una red de trata en la ciudad de Lagos.

Adenle participará hoy, a las 19, en la sección Lado B del Filba, con un recorrido por Verboamérica en Malba; el domingo, a las 17, estará en el panel Todos contra todos, con Cristian Alarcon y Belén Gopegui, en la Biblioteca Nacional.

 

http://www.lanacion.com.ar/2067063-la-violencia-en-la-mirada-de-un-escritor-con-sangre-real

 

Lembra 13 sept 2017

Sandra Buenaventura y el viaje a través de la literatura (Sandra Buenaventura, 2017)

Por Pablo Stanisci

13/09/2017

Entre la tupida selva de editoriales independientes llama la atención del buen observador una portada multi cromática. Al acercarse, descubre sorprendido que no se trata de solo un libro sino de un frondoso jardín literario poblado por los títulos de Editorial Metalúcida. Una joven casa de letras que se encuentra dirigida por la poeta y Doctora en Letras de La Sorbonne, Sandra Buenaventura.

El inicio de una charla con Sandra puede asociarse a la más pura incertidumbre y cada respuesta convertirse en un micro relato, ya que no solo responde a una pregunta sino que genera un universo gramatical profundo y propio. Queda en el lector comprobarlo mediante esta entrevista que, con la inmensa generosidad que la caracteriza, tuvo la amabilidad de aceptarnos entre los cierres de edición.

¿En qué momento sentís que nació tu pasión por la literatura?

Creo que la primera vez que sentí que leer era un “vivir en” fue cuando en la escuela primaria dije que me llamaba Becky Thatcher. Fue algo inconsciente, yo no sabía que eso era la literatura, pero yo ya estaba ahí, en ella, disfrutando y siendo y, sobre todo, enamoradísima de Tom Sawyer. Hasta en la universidad firmé un final como BeckyThatcher, y varios mails. Ese fue mi momento literario fundacional, creo. Luego tuve otro, pero más brutal, y fue con Santuario, de Faulkner, que leí muy temprano, y no sé si entendí todo en ese momento, pero sí me marcó un camino, el saber que la literatura tiene que moverte el piso, tiene que molestarte, carcomerte y sacar lo más negro de vos, hacer que vos misma te recorras, te persigas y que nunca te alcances. Otro momento en que toqué la cima de los comienzos fue con la novela de Sylvia Plath, nunca podría olvidar el final de La campana de cristal, ni a Esther. Ni a Lol V. Stein que me dejó sin respiración. Ni a mi adorada Carson McCullers, toda ella, toda su letra. Los momentos fundacionales son una constelación y todos brillan a la vez.

Tu tesis doctoral que desarrollaste en la Universidad de La Sorbonne está dedicada la obra de Alejandra Pizarnik ¿qué encontraste en sus textos que te llevó a trabajar sobre ella?

Me acuerdo una vez que escuché a mi padrino decir ese nombre, Alejandra Pizarnik. Yo no sabía quién era, ni me preocupé en saberlo. Pero me quedó resonando, como un efecto de cascada. Después tuve ese paso caso obligado por ella, en la adolescencia, me sentí abducida, estaba en terreno canalla, roto. La dejé. Mucho tiempo. Leí compulsivamente a Anne Sexton, Sharon Olds, Paul Celan, Sylvia Plath. Pizarnik parecía perdida para siempre, creo que en el fondo la detestaba. Incluso perdí unos libros de ella que había conseguido en librerías viejas de Barcelona, no los encontré más, no sé qué les pasó. Cuando llegó la hora del proyecto de tesis mi primera elección fue Blanca Varela. Pero ya había hecho un máster sobre Pizarnik, y había que ir hasta el fondo. Otra vez me molestaba, me pinchaba, era mi mosca verde particular. En una noche me leí de nuevo su poesía completa y una parte de sus diarios. Es más, el eje principal de investigación lo elegí en esa noche, porque no podía ser al día siguiente. Fue un flash de noche. En total pasé cinco años analizando la obra de Pizarnik. Analizar es destruir. La investigación es construcción. Defendí la tesis y cerré Pizarnik. Hace muy poco volví a leerla, después de casi seis años. Fue una lectura breve, transparente. Increíble que Pizarnik me haya sido, por unos momentos, transparente. Pero lo fue.

Este año publicaste tu primer libro de poemas A dónde vas con tu brilloso auto en la noche por la editorial Alto Pogo ¿por qué escogiste la poesía para expresarte en tus ideas?

No puedo decir que empecé a escribir poesía de chiquita. Nada que ver. Sí escribía un diario, a ratos, por épocas. En cualquier parte, no sé por qué le llamo diario porque escribía las entradas en cualquier lugar, desparramadas, y no se podía leer como tal, un fragmento detrás del otro, y la mayoría de las veces no las encontraba después. Así que era un diario poco territorial, muy volador, viajero. Y ahora que escribo esto me doy cuenta de que eran más poemas que experiencias rotuladas con fecha y hora. Yo quería ser prosaica pero parece que salía otra cosa. La poesía, creo, tiene que ver con la sensualidad de la palabra, con la concentración máxima de significado en una palabra, en una línea de verso, que yo la vivo como una explosión erótica. Si la palabra no me abre a lo sensual, no hay escritura poética para mí. Agarrar la palabra y soltarla y que sea sucia, eso es sensual para mí, y un poema es ideal para eso, agarrar y soltar, enchastrar la palabra y que otro pueda limpiarla, o embarrarla y que nunca salga de ahí, del barro, o que pueda besarla y pasarle la lengua y hacerse nacer con ella en la noche. Tal vez por eso escriba poesía, para captar y captarme en las grietas sensuales, si existen. Y esas grietas tienen mucho que ver con la música que me gusta, con el cine. Mucho con el cine. Soy obsesiva con algunas películas, y pienso en ellas, en sus colores, en sus historias, cuando quiero agarrar alguna palabra y la quiero destruir. Termino tirándola por los pastos amarillos que siempre me gritan y por alguna tierra desértica con sus cactus que la pinchan y  que me la devuelven, o la voy a buscar.

SI LA PALABRA NO ME ABRE A LO SENSUAL, NO HAY ESCRITURA POÉTICA PARA MÍ. AGARRAR LA PALABRA Y SOLTARLA Y QUE SEA SUCIA, ESO ES SENSUAL PARA MÍ, Y UN POEMA ES IDEAL PARA ESO, AGARRAR Y SOLTAR, ENCHASTRAR LA PALABRA Y QUE OTRO PUEDA LIMPIARLA, O EMBARRARLA Y QUE NUNCA SALGA DE AHÍ, DEL BARRO, O QUE PUEDA BESARLA Y PASARLE LA LENGUA Y HACERSE NACER CON ELLA EN LA NOCHE.

Desde el año 2014 Editorial Metalúcida crece en su oferta literaria año a año, ¿cómo surgió el proyecto de iniciar la editorial?

A las editoriales argentinas las seguía desde París, donde vivía. Una vez, en el 2007, si bien recuerdo, mi adorada amiga Pilar venía de visita a Buenos Aires. Yo había visto en la web un libro con una portada que me fascinó. Una chica con guardapolvo parada sobre un televisor, cielo celeste de fondo y muchas manzanas rojas suspendidas. Pilar me lo trajo. Lo puse sobre la mesa, de frente, como una estampa. Jamás leí la novela. Quedó como un fetiche. Cuando me fui de París, una de las pocas cosas que recuperé fue este libro. Hoy lo tengo en mi biblioteca. Yo regresé en el 2012, después de haberme ido de pequeña. A los pocos días de llegar la idea de editorial surge de una conversación en tres tiempos: “¿Cuál es tu sueño? Montar una editorial. La hacemos.” A los cinco minutos ya estaba el nombre. Yo tenía un blog, La vida metalúcida de B. (ya no existe) y la editorial solo podía llamarse Metalúcida. Fui a buscar el libro de las manzanas y el cielo celeste, tenía que saber quiénes habían diseñado la tapa. El estudio Trineo creó el diseño gráfico de Metalúcida. No podía ser de otra manera.

El catálogo de Metalúcida posee una esencia especial, que se percibe desde el diseño de la portada hasta el contenido ¿qué factores guían tu selección al momento de escoger un autor?

Mis lecturas más exaltadas ocurren de noche, son rápidas, me dan vértigo, quiero terminarlas ya, quiero que no se vayan nunca, que queden, que me hagan soñar, que renueven ese sueño del origen que jamás existió, que me rompan y me cosan despacito, que sea tan difícil despegarse y volver a ser una, que me hagan caminar por el lado oscuro de mi pasillo interior, que el lenguaje sea roto y eléctrico, que la norma sea un olvido y que ese olvido sea brote de otros lenguajes, porque hoy soy un lenguaje y mañana otro, que la noche sea un brillo para tirar para arriba, que un momento de intuición sea el brillo acumulado de lecturas y que una pueda identificarlo, que nunca esté segura, porque quiero las tablas tambaleantes del decir, y sobre todo las del no decir, que sea la experiencia de un atravesarte el cuerpo, y que yo quiera vivir siempre en esa noche, en esa palabra, en esas líneas y en esa historia, y en ese narrador y en esa narradora, y en ese libro de esa autora, y en ese libro de ese autor. Y que yo quiera vivir en esos finales que me hacen besar el cielo, o la tierra, o mi tajo en el dedo.

Entre los títulos se hallan autores internacionales poco conocidos en nuestro país ¿qué te impulsa como editora para dar a conocerlos?

La literatura es un viaje. Al menos a mí me hace viajar. Y para mí, en un momento, fue un viaje real. Yo quería ser la versión chica de Mowgli, o princesa india arriba de un elefante y vivir mi propio Libro de la Selva. Fui a India, a realizar mi deseo literario. Fue un poco más oscuro que en mi imaginación: me enfermé, mis orificios nasales llenos siempre de hollín, me perdí, subí a un elefante, sí, pero un chico le pegaba en la cabeza al animal y no me gustó nada. Y me congelé día y noche en un refugio cerca del Himalaya, entre otras cosas. Mi experiencia princesa Mowgli se redujo a la compra en una librería muy vieja de Connaught Place, en Delhi de TheJungle Book, tapas desvencijadas, edición de los ‘70, hojas sueltas. Hoy está en mi estante agarrado con banditas elásticas. Siempre me gustó pensar el texto literario como trastorno, de una alteración del estado, tanto del lado del que produce como del lado de la recepción. Desde mi lugar de arrojadora de voces a las zonas de activación literaria tomo en cuenta lo que me modifica, lo que me saca de la normalidad y me lleva a los espacios de lo patológico (como opuesto al grado cero). Y el viaje es una patología, como, por ejemplo, también puede serlo un autor o autora de otro país que te mete en otros lenguajes, en otros ser-en-el-mundo. Y si, además, hay traducción de por medio, los ser-en-el-mundo se rioplatenizan, vienen acá, al castellano rioplatense. NicolasBouvier, en su impresionante libro Los caminos del mundo, dice algo como “creemos que vamos a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que te hace, el que te deshace”.

LA LITERATURA ES UN VIAJE. AL MENOS A MÍ ME HACE VIAJAR. Y PARA MÍ, EN UN MOMENTO, FUE UN VIAJE REAL.

Tanto como escritora y editora ¿qué proyectos tenés para el futuro próximo que nos puedas revelar?

Nuestras dos próximas publicaciones son las novelas de dos autores nigerianos. La primera, Highlife, sale en septiembre, del premiado autor en Francia, LeyeAdenle. Y para principios del año que viene, la divina novela de Sarah LadipoManyika, finalista del GoldsmithsPrize y para la que aún no tenemos título en castellano. Luego estoy leyendo autores y autoras argentinas, y estadounidenses, de otros países de Latinoamérica, y algún francés, en lo inmediato.

Por mi parte estoy en plena escritura, tal vez un día llegue a conformar un nuevo libro de poemas.

https://revistalembra.com/2017/09/13/sandra-buenaventura-y-el-viaje-a-traves-de-la-literatura/

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Southern Conversations: J.M Coetzee in Buenos Aires / Globalisation and the South in Santiago La Rosa’s Australia (Santiago La Rosa, 2017)

by James Halford

28/02/2017

James Halford is a recipient of a 2016 SRB-CA Emerging Critics Fellowship. This is the third of three essays by Halford to appear on the Sydney Review of Books, alongside essays by other fellowship recipients, Ali Jane Smith and Ben Brooker. Read all the essays here

Globalisation and the South in Santiago La Rosa’s Australia

Santiago La Rosa’s first novel, Australia, embodies many of the characteristics associated with ‘la nueva narrativa Argentina’ (the new Argentine narrative). The younger generation of Argentine prose writers have sought new forms and new language to narrate the lived experience of neo-liberal globalisation. Defining Argentine events of the post-war period such as Peronism, military dictatorship, and the Dirty War have not disappeared from the work of writers like Andres Neuman, Pola Oloixarac, Fabian Martínez Siccardi, and Lucía Puenzo – but they have become less central. Globalisation and its discontents have become a focus, especially since the 2001 Argentine financial crisis, which saw the country default on its foreign debt, drove thousands into poverty, and sparked serious social unrest. In the wave of recriminations and soul-searching that followed, Argentine economists and social commentators sometimes referred to their country as ‘la Australia trunca,’ the truncated or ruined Australia. Why wasn’t Argentina Australia? asked the title of one well-known 2006 monograph by two Argentine economists, Pablo Gerchunoff and Pablo Fajgelbaum. Peronism, has been the traditional answer of the Argentine elite. But Gerchunoff and Fajgelbaum’s explanation is more nuanced. They describe the convergence of the two countries’ agricultural export-driven economies between 1880 and 1930. Argentina’s relative stagnation across the twentieth century, they argue, can be attributed to a ‘distributive crisis’ that Australia, with its stable institutions inherited from Britain, advantageous geography, and system of wage arbitration, was better able to resolve.

La Rosa’s story about a young Argentine couple who migrate to Sydney after the 2001 crash is, on one level, an extended riff on the idea of Australia as the country Argentina could have been. Though it provides brief, fascinating glimpses of how our country might look through the eyes of recently arrived Latin American migrants, a detailed social portrait is not on the agenda. Rather, the book sets out to explore, in the words of its author: ‘The idea of Australia as a country in the imagination of a certain sector of Argentine society… a space without contradictions, better, well-deserved, a place of arrival, for the victors.’ Australia conceives of itself as a critique of the Argentine bourgeoisie who benefited from neoliberal economic policies throughout the 1990s, then fled for the ‘life raft’ of the first world when the economy crashed in the 2000s.

The novel mounts its attack on the Argentine upper classes through the story of the narrator Nicolas, an engineer, and his wife, Gabriella, a painter. Nick and Gabi are the beneficiaries of globalisation: university-educated, middle-class professionals whose youth and relative economic privilege position them to benefit from open borders and employment markets when the Argentine economy tanks. ‘We left because we couldn’t see a future through the tear gas,’ Nick explains. ‘…Buenos Aires exploded in protests and unrest. I quit my job and we left. A better place, she said, half a world away, while we set ourselves up. Better streets, better schools, jobs, salaries. Our own home. Better people’[my translation]. Though the couple do get ahead economically in Australia – even achieving a foothold in the Sydney property market – they struggle emotionally in the absence of family and community networks. Gabi battles depression when unable to fall pregnant, and Nick embarks on a series of affairs. We meet them a decade on, as their Australian dream is definitively unravelling. Having finally conceived, through a long, expensive, and traumatic course of IVF, they lose the baby in the 38th week of pregnancy.

The novel is most convincing and emotionally resonant early on, when exploring the couple’s grief. Like Krog, La Rosa finds effective ways to gesture at traumatic experiences that cannot be translated into language (especially a foreign language): ‘She needs to rest, said Dr Hughes without looking at me… He said it in English…. I gave the taxi driver directions in English. Gabi still said nothing in any language.’ Though somewhat overused, the device of weaving English phrases into the Spanish prose highlights the characters’ instrumental relationship with the language of global business and popular culture. While their English is more than sufficient for business and everyday interactions, they are often frustrated by their inability to express their feelings. Clumsiness in a foreign language becomes a figure for broken communication in a relationship. At moments of high stress, Nick invariably reverts from global to local language, from non-native English to earthy Argentine profanity.

Having already fled the economic crisis at home, Nick and Gabi both, in their respective ways, set about avoiding their personal crisis in Australia. Gabi insists she is still pregnant, and counts down the days to the birth. Nick avoids his wife and his job, wanders the city, and spends money recklessly on an affair with an Ecuadorian prostitute named Evelyn. The brothel scenes burn through the last of the reader’s sympathy for Nick in order to tell us something we already know: that the logic of the market reinforces similar patterns of racial, class, and gender inequality globally. While the bonds of a common language and culture establish a bogus solidarity between customer and prostitute – ‘What news, my Latin-American brother?’ she greets him – the situations of this white, male Argentine engineer and this mestiza Ecuadorian sex worker are not the same. Regardless of their countries’ respective positions on a map, or where they are living now, Nick lives in the North, Evelyn in the South. Here, Latin American regional inequalities are reproduced in a phantasmal Sydney that exists mainly as a projection of frustrated Argentine desire. ‘This country,’ Evelyn remarks to Nick, ‘is whatever you want it to be.’

In La Rosa’s Australia, the Southern landscape and its history of settler colonialism – so central in Falconer and Krog’s texts – is peripheral. Much of the action unfolds within interior spaces that could be anywhere. What is interesting, when the Australian landscape does briefly appear, is that it is described in Argentine terms. Nick and Evelyn fantasise briefly about escaping together into the ‘desierto’ (desert or wilderness). In another scene, as the due date of Gabi’s psychological pregnancy approaches, Dr Hughes drives Nick ‘through the suburbs, the fields, then into the wilderness’ (desierto). The unsubtle use of barren imagery being made here is less interesting than the transferal of this particular word between parallel Southern spaces. In nineteenth-century Argentine literature the ‘desierto’ has a mythical resonance something akin to the Australian outback or bush: Sydney or the bush; Buenos Aires or the desierto. It is the place to which the landless gaucho, Martin Fierro is exiled; the place that represents ‘barbarism’ in the writings of the liberal statesman, Domingo Faustino Sarmiento; the place from which indian raiders snatch their white prisoners in Esteban Echevarría’s The Captive, the founding work of Argentine and Latin American romanticism. Most significantly, the series of genocidal frontier campaigns throughout the 1870s and early 1880s that wiped out the last nomadic tribes on the Argentine pampa is called the ‘Conquest of the Desert’ – a name as self-serving and duplicitous, in its way, as the British ‘terra nullius.’ After all, why would an uninhabited wilderness need to be conquered? Both these phrases are examples of what Connell has called, the ‘grand erasure’ masking the colonial foundations of modernity. It is no coincidence that the moment of Australia and Argentina’s economic ‘convergence,’ the period of miraculous growth beginning in the 1880s, coincides with the closing of the frontier.

La Rosa’s Australia skirts these issues without developing them. It ultimately proves to be one of those books that is less interesting than its generative idea. A promising, imperfect debut, it leaves much territory still to be explored.

https://sydneyreviewofbooks.com/southern-conversations-j-m-coetzee-in-buenos-aires/

 

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“Claro que escribir sirve de algo, pero no a todos ni de la misma forma” (Matías Correa, 2017)

Por Cultura / Télam

28/06/2017

“Autoayuda”, la segunda novela del autor chileno, llega las librerías luego de su exitosa “Geografía de lo inútil”, editada en 2010.

En la novela “Autoayuda”, Matías Correa (Chile, 1982) sumerge al lector en el mundo cotidiano de Mena, un hombre que a partir de la partida intempestiva de su mujer ingresa en un proceso de crisis y autocompasión con muy pocas posibilidades de comunicarse con otros hasta que aparece Genaro Scott, un vecino que escribe libros de autoayuda y con el que logra establecer un vínculo, pero ninguno podrá superar su propia tragedia.

Correa define a sus personajes como “tipos horribles” y explica: “Genaro mantiene a Mena sobre la línea de flotación sentimental cuando el frágil equilibrio que sostiene su rutina se va al carajo; Mena, por otro lado, se convierte para Genaro en un problema menos grave, más fácil de enfrentar que su propia tragedia”.

En diálogo con Télam, el filósofo y escritor, que reside en Chile, y también publicó las novelas “Geografía de lo inútil” y “Alma”, relató que durante el tiempo de escritura de “Autoayuda”, editada ahora en la Argentina por Metalúcida, fue fundamental el libro “El camino del peregrino”, ya que en la novela intentó versionar y torcer “el itinerario espiritual” de ese peregrino, que “conduciría hacia la continua y perpetua invocación del nombre de dios”. 

-Télam: ¿Cómo construiste esta historia?
-Matías Correa:
 Comencé a escribir los primeros borradores poco antes de pasar una temporada en Iowa. El plan era terminar el manuscrito allá, regresar con una novela acabada en la maleta. El plan falló, por supuesto. Lo bueno es que durante ese viaje encontré una copia de “El camino del peregrino”, un libro que Salinger pone en manos de Zooey Glass cuando escribe la primera parte de “Franny & Zooey”. Por entonces, ignorante y flojo, ya me había hecho la idea de que “El camino del peregrino” era un invento de Salinger, un truco nomás. Pero no, el libro existía. En gran parte de la novela versioné y torcí el itinerario espiritual que, según el libro ese, el del peregrino ruso, conduciría hacia la continua y perpetua invocación del nombre de dios. O tal vez me haya equivocado y sin querer construí una comedia.

-T: Mena, el protagonista, es un hombre muy solitario y el encuentro con Genaro parece ayudarlo a entender lo que perdió, sus vacíos.
-M.C.: 
Son tipos horribles los dos. Mena, por la biografía que tiene, radicalmente superficial, hueca; Genaro, evidentemente, por su cara, un rostro deforme que esconde tras lo que escribe: libros de autoayuda. Si acaso personajes así pueden brindar auténtica y efectiva ayuda -salvarse o hacerse bien el uno al otro, a quien sea-, no lo creo, lo dudo. Aunque sí parecen necesitarse mutuamente para no hundirse: Genaro mantiene a Mena sobre la línea de flotación sentimental cuando el frágil equilibrio que sostiene su rutina se va al carajo; Mena, por otro lado, se convierte para Genaro en un problema menos grave, más fácil de enfrentar que su propia tragedia. 

-T: Hay algo del encuentro con el otro, con Genaro que le genera empatía pero con límites. En un momento el narrador dice: “Lo leés a él, lo ves a él: te sientes acompañado por Genaro. Más que eso, en el fondo, te sientes reconfortado por no ser él”.
-M.C.:
 Pensaba en conferencistas motivacionales como Nick Vujicic cuando escribí eso. Los accidentes, las enfermedades y el azar son capaces de poner en evidencia una asimetría tan brutal que, al contrastar las circunstancias ajenas con las propias, ofrecen la ilusión de cierto bienestar, algo parecido a una felicidad relativa y volátil. Lo que es una pelotudez, pero pasa y es algo que, tanto por uno mismo como por los demás, se deja manipular con facilidad.

-T: En el libro también aparece la escritura como herramienta de ayuda. Esto le pasa a Mena y también a su madre.
-M.C.: 
Subrayar la vocación terapéutica de la escritura da para pensar la gramática como gimnasia intelectual, así como para explorar lo más afectado y melancólico de la memoria, de la propia biografía. Si es que escribir sirve de algo, claro que sí, pero no a todos ni de la misma forma. 

-T: ¿Qué literatura te interesa?
-M.C.:
 Prefiero responder sobre libros y no literatura: me interesan los libros que termino subrayando, los que invocan notas al margen, dibujos, diagramas y otros garabatos.

-T: ¿Qué libros que subrayaste últimamente?
-M.C.: 
“La destrucción del mundo interior”, del poeta Juan Santander Leal; una selección de artículos de Frege, “Ensayos de semántica y filosofía de la lógica”; y el imprescindible “Nicotina”, de Gregor Hens. Vale la pena recomendarlos y rayarlos, al conjunto de ellos. Hay tanto cuidado y precisión en la mano y el ojo de esos tres, así como cierto espontáneo titubeo o indecisión relativa a lo que los libros proponen, que por separado (y debido a razones muy distintas, a mi parecer) cada uno de ellos ofrece una diferente lección de estilo. Son libros que convencen sin trampa. Espero no equivocarme en esto último, al menos.

-T: “Autoayuda” es una reedición. ¿Cómo fue la convocatoria de la editorial Metalúcida?
-M.C.: 
Después de que la novela se publicara en Chile, le comenté a un amigo que estaba buscando editorial en la Argentina; él también escribe, vivía en Buenos Aires y le recomendó la novela a la gente de Metalúcida. Poco después recibí un correo de ellos y empezamos a hablar. Fueron buenas las conversaciones por Skype. Además, ya conocía lo que escribían Noah Cicero y Paz Soldán; el año pasado leí a Santiago La Rosa y también a Forcinito. Me gustó el catálogo de la editorial.

http://www.telam.com.ar/notas/201706/193775-libro-autoayuda-matias-correa.html

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Highlife

Septiembre 2017

La ciudad de Lagos puede florecer o desflorecer. Dos líneas a cargo de dos personajes. Guy Collins, periodista británico que llega a Nigeria con una misión de rutina y se desvía hacia otra, abriendo sótanos y pasadizos, tocando los bordes escabrosos de los asesinatos rituales, y Amaka, protectora de las chicas prostitutas de Lagos, en violenta tensión con las aguas neblinosas de los cuerpos que se atraviesan. Una huella eléctrica y sensual recorre Highlife, una música portentosa que enlaza con la estética de la serie B y de la blaxploitation. Pero el desencanto, lo atroz también es algo que se abre, habla de tópicos, de cuerpos no inmunes al brillo. Como estos versos tan highlife de Félix Francisco Casanova:  

un revólver de amor, nena,

y voy a disparar justo a tu corazón

¡bang bang!

                                                                    SANDRA BUENAVENTURA

 

The city of Lagos blooms and withers. Two plots follow two characters: Guy Collins, British journalist sent to Nigeria on a routine assignment, gets sidetracked by a story that takes him into cellars and alleyways, tracing the rough borders of ritual assassinations; and Amaka, protector of Lagos’s prostitutes, in violent tension with the murky waters and the bodies that wade through them. An electrifying and sensual current runs through Highlife, an ominous melody that evokes B movies and blaxploitation films. But the disenchanting or even atrocious is unpacked to expose clichés, and bodies not lacking in brilliance. Like the verses of Félix Francisco Casanova that could’ve been taken straight from Highlife:

A revolver of love, baby,

And I’m going to shoot straight for your heart

Bang! Bang!

                                                                SANDRA BUENAVENTURA

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Australia: un embarazo psicológico en ascenso (Santiago La Rosa, 2017)

Por Carla Grassi

23/04/2017

El primer libro de Santiago La Rosa narra la historia de dos argentinos que emigraron a Australia con el sueño de establecer una familia. Una novela sólida sobre la paternidad, la vida en pareja y las incoherencias del sistema de salud.

A veces me pasa con ciertos libros… reconozco rápidamente que estoy frente a algo brillante y no quiero llegar al final tan rápido. Australia (Metalúcida, 2016) tiene ritmo de martillo constante y te atrapa desde el principio a un nivel que creo que lo hubiese leído en una noche. Pero decidí leer la mitad, esperar quince días, y volver a agarrarlo para terminar.

La novela arranca con la vuelta a la casa de una pareja argentina viviendo en Australia. Solo sabemos que acaban de perder un embarazo, que algo pasa con ella, Gabi, que debe tomar muchas pastillas. Se cuenta desde el punto de vista del marido quien actúa de narrador, y que empieza a sentir que todo le es ajeno, esa casa, ese país, Gabi. Un cuarto preparado para el bebé que ya tenía nombre porque faltaba poco, muy poco, se mantiene cerrado durante casi todo el libro.

Santiago La Rosa decide introducirse en temáticas oscuras, que todavía hoy siguen siendo (extrañamente) tabú, y las muestra sin filtro, con la crudeza de una realidad que se le corresponde.

Los problemas de la pareja reflotan como si el narrador fuera pisando baldosas que le salpican los pies continuamente. Infidelidad, mentiras, deseos opuestos en un matrimonio que parece tenerlo todo. Tienen la plata, tienen una familia que los apoya, amigos, compañeros de oficina que se preocupan, solvencia en un país considerado “de primera”. Nos enteramos que hubo un primer embarazo que terminó en aborto porque no era el momento indicado. La crítica al estereotipo de familia está permanentemente presente. La historia de ellos es una distopía del mandato social de la familia concebida cuando los padres están económicamente estables, cuando todo marcha bien para dar lugar a un tercero. Pero resulta que nada anda bien.

Llegado el momento en que, aparentemente, ambos están listos para tener un hijo aparecen los problemas de fertilidad que llevan a la pareja a acudir a todo tipo de métodos para la concepción. Gastan muchísima plata en estudios y varios intentos de fertilización in vitro, sin resultados. La frustración, la depresión de ella y los miedos de él, son el motor para seguir intentándolo. Finalmente encuentran al considerado, mejor doctor especialista en el asunto. El Dr. Hughes logra que Gabi quede embarazada. Un milagro.

Algo pasa y el embarazo ya no existe pero ella actúa como si todo siguiera normal. Cuenta los días para el parto, mantiene los cuidados recetados por el médico, se toca la panza y le habla. A su marido lo descoloca no solo la situación traumática de perder un hijo, si no también lidiar con la locura de su mujer. Todo esto lo sobrepasa. Trata de decirle directamente a la cara que ya no está embarazada pero ella no lo escucha. Entonces decide abandonar su trabajo, deja de contestar mensajes, cae en un cabaret en el que conoce a una prostituta ecuatoriana. Cree que se enamora. Derrocha plata para estar con ella y lejos de su casa.

Al mismo tiempo, el Dr. Hughes plantea varias posibilidades para sacar provecho del caso excepcional de su mujer. La mejor opción, dice, es hacer un reality show, un documental y nota sobre “la mujer que cree seguir embarazada”, caso único en la historia de la medicina. El narrador está enajenado. Las cosas le pasan por delante y no toma acción alguna, se deja llevar. La plata cierra.

Se monta un circo alrededor de ella: cámaras, asistentes de producción, redes sociales. La gente reacciona al caso de manera inmediata, se amontona sobre la fachada de la casa con interés pero también con maldad. En el medio de una exposición, Gabi es agredida. El marido no sabe más que el resto del mundo que mantiene el ojo en lo que le pasa a su mujer. Como lectores nos sumamos a esa masa que quiere ver el desenlace de un embarazo psicológico en streaming. La puesta en escena incluye el parto, Gabi con dolores y contracciones reales, actores como médicos con instrumentales de juguete. Aún así, el narrador, con su ritmo que es pasivo y expectante, nos lleva a creer que tal vez algo pueda nacer en medio de esa parodia.

Santiago La Rosa tiene la habilidad de guiar al lector en esta trama que roza lo fantástico. Monta un mundo paralelo a la realidad, ése lugar donde como lector uno se aferra a la fe. El autor nos pone frente a las peores miserias del ser humano, del sistema médico y de la comunicación excesiva, sacada y extrema que vivimos hoy. Al leer Australia, se está frente a una narración brillante y sólida, que nos apela porque derriba conceptos, al mismo tiempo que vemos tres vidas que se derrumban frente a nuestros ojos.

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