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Metalúcida
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Highlife, policial africano con pulso actual (Leye Adenle, 2018)

11/03/2018

Por Juan Pablo Bertazza

Difícil encontrar en los últimos años un medio de información internacional tan potente como la novela policial negra. Desde que la saga de Stieg Larsson empezó a resquebrajar la idealización de las sociedades escandinavas, los autores del género parecen haberle sacado la ficha a las sociedades donde transcurren sus historias: lo viene haciendo Qiu Xialong con la China moderna y también Zygmunt Miloszewski, notable escritor polaco que supo llamar la atención sobre el antisemitismo que se respira en su país.

“Junto al agua estancada de una alcantarilla abierta, la gente, sentada en sillas de metal, toma cerveza y come sopa de pescando picante. Hablan a los gritos para hacerse oír”, anuncia Highlife, un policial que sumerge al lector sin anestesia en la densa cotidianidad de las calles de Lagos, una de las ciudades más peligrosas del mundo. Se trata de la primera novela de Leye Adenle (1975), escritor nigeriano que conoce perfectamente los escenarios de los que habla pese a vivir, en la actualidad, en Londres. El libro es una interesante puerta de acceso para indagar en la producción de una narrativa que tiene ya su Premio Nobel: Wole Soyinka.

El cuerpo mutilado de una mujer es lanzado desde un auto hacia la puerta de un boliche de mala muerte. Uno de los testigos de este hecho relacionado al parecer con la política y la magia negra, es Guy Collins, periodista inglés de un medio digital enviado a Nigeria para cubrir las elecciones presidenciales. El hallazgo que parece, de repente, despertar su vocación de investigador lo obliga a afrontar un interrogatorio en el que se hace pasar por corresponsal de la BBC. Su torpeza y la absurda lógica de los policías nigerianos (“mal pagados, mal entrenados y semianalfabetos”) lo condenan a una injusta reclusión de la que la saldrá gracias a Ankara, una joven nigeriana estudiante de abogacía que inventa también un contacto con el ministro de Justicia para lograr sacarlo de la cárcel.

A la par que va naciendo entre ellos una lenta atracción, Ankara le pide a Guy que realice una pesquisa sobre la trata de mujeres que, en algunos casos, incluye la venta de órganos tras inefables torturas que ella combate a través de una asociación caritativa que provee a las prostitutas ayuda financiera, alojamiento e información sobre sus clientes.

Novela sólida, entretenida y concisa que fue premiada en Francia, Highlife (el título proviene de un tipo de música que empezó a sonar en Ghana en la década de 1960 y se extendió a otros países africanos), tiene el mérito no solo de echar luz sobre los males de una sociedad poco conocida para el lector sino también de llevar, en su trama y escritura, el pulso de su tiempo.

https://www.lanacion.com.ar/2115352-resena-highlife-de-leye-adenle

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El western kafkiano y la moral del desensamble (Mariana Travacio, 2016)

Por Debret Viana

12/2016

Llegué al libro de Travacio virgen de referencias. Leo por día una decena de primeras páginas de novelas, una veintena de contratapas. Quizás me predispuso bien el sello Metalúcida, que señala con su catálogo una valía inusual en los textos de autores jóvenes.

 Fui capturado en la primera página.

Recuerdo que ese día no tenía ganas de leer. Estaba apurado, tenía que hacer otras cosas, y tenía también otros textos más urgentes por la mitad. A Como si existiese el perdón no le importó mi agenda. Le tomó minutos ocuparlo todo. Fui preso de la prosa trepidante, austera, sin una frase de más, sin firuletes ni manierismos, precisa con una economía quirúrgica que volvía visible lo que nombraba, visible e inevitable: cada cosa dicha me deja la impresión de que no podía decirse de otro modo.

El tiempo es impreciso, tanto como espacio contextual como por el modo en que fluye. La novela es fragmentaria (62 capítulos en 138 páginas) y esos fragmentos agujerean la eternidad, fijando un puñado de hechos y de acciones, bajo el manto de una ambigüedad embriagante. Es, quizás, un policial de cuchilleros. Un thriller de venganza, allá afuera, en la vastedad del campo. Todo se desencadena de inmediato. En la primera página está sembrado el conflicto, y la estética del texto. Algo terrible ha pasado: pasa de repente, no lo esperábamos, explota en nosotros a pesar de ser transportado con una sequedad y una sutileza admirables.

Ese acto atroz pesará sobre toda la novela como el aire denso de una tormenta venidera.

II

Como si existiese el perdón puede pensarse como un policial, suscribiendo al vasto subgénero del ajuste de cuentas y la redención. Pero es tan bello ver como rehúye de todos los lugares comunes, y encuentra, en cada giro de la trama la ocasión más humana y más verdadera, anulando el heroísmo tonto, los ademanes superhumanos y la épica con el mismo gesto con el que se hermana con el patetismo más claro de estar vivo, al punto que yo no pude dejar de pensar que si lo que pasa en el texto pasase en la realidad sin dudas sería de este modo, con esta sutil arbitrariedad que va de la vida a la muerte sin solemnidad y sin gloria, sino apenas un borrón confuso que nos arrebata y que no tenemos con qué comprender.

Nada de lo que puedo decir de este texto es férreo ni sólido. Esas afirmaciones implicarían cancelar las posibilidades latentes que yacen en la novela. Es un texto fuerte, que elegantemente contiene unas fibras de incertidumbre que la lectura puede capitalizar en numerosas direcciones, a pesar del realismo duro ostensible en cada página. La narración induce sobre el lector una hipnosis cautivante: no solo la prosa, tan simple como delicada, nos desliza con suavidad por las páginas, sino que existe en la nouvelle de Mariana Travacio una administración de la información en el lenguaje que nos impide el descanso y la distensión: lo atroz puede estallar en cualquier línea, lo atroz puede irrumpir desde cualquier lugar: aun cuando el párrafo nos conducía al sosiego, lo atroz anida en la palabra venidera, sea cual sea: si la literatura ha de ser erigida con palabras que pueden cambiarlo todo Travacio tiene un puñado camufladas en Como si existiese el perdón, atrincheradas y atentas a la emboscada.

III

Proliferan las virtudes, pero como Como si existiese el perdón es una gema pequeña y delicada tengo que prevenirme de decirlo todo y de cuidar el suspenso de su aura. A cambio de todo solo diré una cosa más, una de las cosas con las que me quedo y que creo que posee un valor perdurable.

Los policiales se han refinado a tal punto que el ascenso de su propia gracia los alejó de la vida. Esto no implica un defecto en sí mismo. Gracias a ese refinamiento los policiales son entretenidos, divertidos, atrapantes, adictivos, espectaculares, algunos por la truculencia del crimen, otros por la pornografía pollockiana de las tripas y la sangre, otros por la complejidad del enigma, otros por la desmedida locura o genialidad del asesino, otros por la sobrehumana destreza del detective para resolverlo todo, algunos por lo improbable de sus peripecias, otros por la aceleración hipnótica que provoca su coreografía de violencia, etc, etc.

El recurso de la violencia en Travacio es exquisito y filosófico, como la más patética y desoladora película de los Coen. Todos los ingredientes clásicos están presentes en la nouvelle: el amor, la amistad, el asesinato, la locura, la venganza, el origen ruin. Pero el organismo que componen es de una singularidad inquietante.

En la desoladora cosmogonía de Como si existiese el perdón, donde todas las cuentas rinden cero, no hay asesinos implacables, no hay héroes de puntería sublime ni de estrategias ajedrecísticas, no hay infalibilidad ni virtuosismos. En su lugar, hay ráfagas de una violencia ininteligible y venal, hay borrones tropezados, hay barro y niebla, hay hombres anudados a una errancia irredenta, hombres que están aquí como pueden estar allá, y que se matan porque las circunstancias los llevaron a ese lugar donde no pueden hacer otra cosa: de algún modo está todo decidido. En el texto de Travacio hay carne muerta, de repente, sin motivos, sin piedad, sin justicia, sin un significado ulterior salvo la ausencia de rumbo de la existencia.

El asesinato inicial, que erige la trama y dispara a los personajes por el texto, pareciera venir de la nada, de una gratuidad fatal en consonancia con el orden del universo. Los propios homicidas no saben bien qué pasó, cómo llegaron a eso, y se interrogarán una y otra vez a sí mismos y al otro para tratar de entender cómo fue que tuvieron que matar a un hombre, cómo son esos ineluctables resortes de la fatalidad.

IV

Cormac Mccarthy se cruza con Dino Buzzati en este western kafkiano armonizado por una moral del desensamble: el camino del héroe fue borrado por el azote del desierto y aun cuando nada soporta la humanidad que queda, salvo apenas la tibia llama de la amistad (que aquí no es más que una proxemia) lo que resta y lo que salva es hacer el bien, o un bien, que en este mundo desolado no es otra cosa que matar a algunos hombres aunque se vaya la vida en eso.

En la ausencia de sentido de las cosas los personajes comprenden que tienen que hacer algo, tienen que matar a un puñado de hombres, matarlos es lo correcto, es lo que los justificaría y redimiría, podrían no hacerlo, podrían irse lejos, muy lejos, vivir otra vida, pero algo los arroja a enfrentar la sensación de destino que, en la ausencia de todo lo demás, ejerce un llamamiento imposible de desoír.

V

Nouvelle hipnótica, que cautiva y desasosiega (probablemente escrita junto a un Aristides Cabernet Sauvignon), Como si existiese el perdón es un tour de force por el horror de estar vivo y por la ternura de los pequeños momentos en que la vida resiste e intenta, contra la adversidad invencible, forjar un sentido, por más pequeño que sea, y un refugio, por más efímero que sea. Bella en su terror apaciguado, profunda en su elocuente llaneza, Como si existiese el perdón es de lo mejor del 2016, pero me atrevo a sospechar que el 2016 le queda chico.

https://fictofilia.wordpress.com/2016/12/17/como-si-existiese-el-perdon-el-western-kafkiano-y-la-moral-del-desensamble/

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Biblioteca Chocha: Como si existiese el perdón (Mariana Travacio, 2016)

Por Maru López Snaider

25/8/2016

La editorial Metalúcida editó este año la primera novela de la escritora Mariana Travacio,Como si existiese el perdón. En un pueblo norteño donde la ley es la del hombre y las instituciones no son los paladines de la justicia, cuatro hombres se ven envueltos en una pelea y uno de ellos finalmente fallece. La sangre llama a la venganza y sus vidas ya no volverán a ser las mismas.

El protagonista de la historia, Manoel, relata en primera persona los sucesos que le siguen al acto más aberrante que puede cometer una persona: el asesinato. Sin embargo, la primera piedra fue lanzada mucho años antes. Dotando de un aire de divinidad a la venganza, lo que parecería un encuentro al azar termina siendo una respuesta a un crimen previo. Pero la expresión “ojo por ojo” podría ser llevada hasta el infinito. Así es como aparecerán nuevos personajes buscando castigo.

Con paso firme y escritura clara, cada breve capítulo que conforma esta novela se arma con dinamismo, lo que contrasta con la vida lenta de pueblo. Sin embargo, el ritmo no está marcado por cada acto de violencia, que cual hito cambia el paisaje y obliga a sus personajes a reacomodar sus vidas en una nueva realidad, sino en las nuevas rutinas que se crean. Son esos momentos de monotonía pueblerina los más atrapantes, en una tierra abrumadora que poco da pero cuyos habitantes lo dejan todo.

Como si existiese el perdón es una lectura rápida y placentera. El trato duro de los hombres, curtidos por una vida de trabajo, se va mechando con pequeños pasajes poéticos, diálogos cargados de sentimiento entre hombres que ven más allá de sus propias vidas y pelean por lo que creen que es justo. La amistad, la familia y la lealtad son los tres valores que guían a este relato.

http://www.revistachocha.com/2016/08/25/biblioteca-chocha-existiese-perdon-mariana-travacio/

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El mercado de la carne (Santiago La Rosa, 2016)

Por Tamara Tenenbaum

10/5/2016

Al principio me costó engancharme con la prosa de Australia: empieza un poco escueta, discreta, casi jugando a ser una novela donde no pasa nada. A medida que, a partir de los retazos de información que nos va dejando casi como armando un caminito de migas de pan Santiago La Rosa, vamos entendiendo la historia, queda claro que Australia está lejos de ser una novela “interna” sobre una crisis matrimonial. De hecho, es casi todo lo contrario: Australia habla de problemas clásicos de las parejas de treinta y pico de nuestra época, pero los dibuja en un escenario casi fantástico. Fantástico pero también psicológico: de esa manera no termina de ubicar los problemas en el afuera de la pareja, no termina de pintar la crisis como exógena: se para en un lugar curioso, muy adentro y muy afuera de las mentes de sus protagonistas.

El protagonista y Gabi, su mujer, se fueron a vivir a Australia en el marco de la crisis del 2001. Allí empezaron una travesía por diversos médicos y tratamientos de fertilidad que terminó (no quiero spoilear toda la trama así que permítanme la ambigüedad) en un extraño tipo de embarazo psicológico que atrae la atención de la industria de la medicina y de una cierta para-industria, de esa que muestra cirugías estéticas en la tele a modo de freak-show del siglo XXI. Quizás una de las decisiones más interesantes de la novela es contar esta historia desde el lugar del marido de Gabi y no desde el de ella, desde la que está atravesando la locura desde el centro. Así la desconexión y la soledad en esta pareja no está contada desde el punto de vista de vista del que se siente incomprendido sino del que no comprende, y esa es una genuina novedad. La literatura es desde siempre el bisnes de los inadaptados, del “nadie me entiende” (se dice que en Grecia eran los tullidos los que escribían, los que no podían ir a la guerra); acá el enigma real es Gabi, lo que ella piensa y siente y cómo llegó y cómo sostiene un delirio de dimensiones perturbadoras. Y sin embargo, la novela toma la decisión de no entrar en la cabeza de ella sino pintarla desde la opacidad, desde el punto de vista del que está, como el lector, dándose la cabeza contra la pared para entender qué es lo que pasa.

Es difícil no pensar en Australia como una parábola o una pregunta sobre el lugar del padre en un embarazo, de todos los padres y no solo de los que se ven envueltos en una situación así de estrambótica. Mirada de lejos, o muy de cerca, la historia que cuenta Australia es la historia de todos los padres que acompañan desde afuera (porque otra no tienen) un embarazo: el desconcierto ante uno (o dos) cuerpos extraños donde antes había uno conocido, el primer encuentro con ese mundo de sangre, flujos e incertidumbre que las mujeres conocemos desde los 12 o 13 y, finalmente, quizás, la mimesis y el contagio histérico. El final de Australia es perturbador, pero invita también a la pregunta: ¿es menos perturbador que el omnipresente “estamos embarazados”?

 

http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/144150846790/el-mercado-de-la-carne

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El delirio de Turing: De paranoias y cifrados (Edmundo Paz Soldán, 2016)

Por Yanina Fuggetta

26/4/2016

Editada por Metalúcida en el 2015, la ficción de Edmundo Paz Soldán recrea una Bolivia asediada por la crisis energética, las revueltas sociales y el activismo hacker que pone en conflicto a sus gobernantes.

Miguel Saenz, más conocido como Turing, todavía se cree una especie en vías de extinción: trabaja como un deslucido criptógrafo en la Cámara Negra, organismo que bajo la órbita estatal busca descifrar cualquier amenaza opositora. Son tiempos difíciles para la ficticia ciudad de Río Fugitivo, donde las protestas populares se intensifican con los aumentos de tarifas de luz, a manos del consorcio ítalo americano Global Lux. También son momentos complicados para el propio criptoanalista,  cuando recibe un correo en clave incriminándolo por su (supuesta) participación en los crímenes de la última dictadura boliviana.

La hija  de Sáenz, Flavia, amante de las tecnologías informáticas, investiga todo lo referido al movimiento hacker La resistencia encabezado por su líder Kandinsky. Su tarea: atacar sitios oficialistas y de empresas transnacionales para cuestionar las políticas neoliberales y globalizadoras. El estadounidense Ramírez Graham, titular de la Cámara y especialista en seguridad, está obsesionado con descubrir a los cibercriminales que aquejan al gobierno, siguiendo el modelo del misterioso y cínico Albert, creador de la entidad.

Según el autor, El delirio de Turing está inspirado en la Guerra del Agua, un episodio ocurrido en Cochabamba en el año 2000, donde el entonces presidente  y ex dictador Hugo Banzer autorizó la privatización de este servicio provocando subas de hasta un 200 por ciento en un mes. “Escribí esta novela pensando en ese modelo, que fue la antesala del fin neoliberal en el país. Siempre creí que las convulsiones sociales del siglo XXI estarían representadas por gente en las calles. Y también por piratas informáticos que vulneren el sistema de comunicación gubernamental, eso quería mostrar”, explicó Soldán en la presentación del libro realizada en Buenos Aires en Espacio Enjambre.

La literatura es para Soldán un intento por descifrar el mundo que lo rodea, un código para entender un mensaje, a partir de los actos de sus personajes. Y en El delirio de Turing hasta el mismo Sáenz desconfía de los símbolos que interpreta y hasta recibe ¿Estuvo involucrado en la dictadura?

“Me interesa mucho trabajar  la novela realista, con un fuerte contenido político y una desconfianza hacia los sistemas de poder. En el caso de Saenz por ejemplo, quise mostrar todos los grises de un funcionario público que está al servicio de ese poder, sus fallas morales y el cuestionamiento de por qué hace lo que hace”.

 

http://www.diarioregistrado.com/cultura/-no-publicar–el-delirio-de-turing–de-paranoias-y-cifrados_a571fbb520474f7b715141523

Reseña - ADN_FORCINITO

Barrios violentos (Pablo Forcinito, 2015)

27/3/2015

Por Nathalie Jarast

La narración se abre con violencia: Paraná recibe una piña y es arrastrado sobre la “mierda” de un perro. En su opera prima, Pablo Forcinito retrata la calle, la cultura del barrio de un grupo de adolescentes, Paraná, Seba y el Colo, como un Tiempos violentos del conurbano bonaerense.

Los tres se conocen en el colegio el día en que el primero es abatido por el matón escolar. Seba vive con su madre en una casa con pileta. Es el único que estudia, lee (“boludeces”, según sus amigos) y quiere ingresar a la universidad. El Colo es un tipo normal, sin muchas aspiraciones. Paraná es entrerriano y llega a Buenos Aires con su abuela. Es la estrella de la novela.

Forcinito construye a su antihéroe: un joven marginado, asesino serial y homosexual reprimido. Con pocos rasgos, el autor hace un retrato impecable de los personajes. A través de los diálogos, intenta reproducir el lenguaje de la periferia e instala al lector en este universo suburbano donde se mezclan el humo de las parrillas, las lonas transparentes y las canciones de Leo Mattioli. “¿Y nosotros para que mundo estamos?”, pregunta el Colo. “Para el mundo que tenés delante de tus ojos”, replica Paraná.

La novela se vuelve un policial atrapante. Una serie de asesinatos, que incluyen el de una travesti y el de un rengo, muestran la intensidad y la degradación de la realidad que rodea a los personajes. Los crímenes más sangrientos presentan un alto grado de detalle. El autor hace un gran uso de los tiempos de la narración. La acción y las conversaciones de los protagonistas se dividen en episodios, dando lugar a una escritura casi cinematográfica.

 

Cortando oreja: En tu mundo raro y por ti aprendí (Pablo Forcinito, 2015)

16/3/2015

Por Ariel Mazzeo

Hay una expresión que aprendí leyendo a los personajes de Julián Ibáñez. Viene del mundo de los toros: “cortar oreja”. Signifca que una faena fue bien realizada, con resultado óptimo. Por eso el concepto se aplica al logro de Pablo Forcinito en esta, su primera novela. Claro que la elegí como título también por otras cuestiones. Pero no nos adelantemos.

Paraná comienza la historia humillado, arrastrado por el Yeti sobre mierda de perro. Es su primer día de clases, y así se presenta el entrerriano a Seba y el Colo. Es el nuevo en el curso, y será el protagonista de esta novela de violencia de suburbio. En un mundo de códigos adolescentes y música de bailanta, la amistad de estos tres es el envoltorio, la escenografía que Forcinito elige para narrar la transformación que llevará a Paraná de ser otro chico problemático a ser un asesino despiadado y ultraviolento. Un asesino que deja una marca distintiva: corta las orejas de sus víctimas.

Los dos amigos permanecen cerca de Paraná. Miran hacia otro lado, tratan de ignorar lo que, de manera cada vez más evidente, ese marginal hace. Pero con uno de ellos, Seba, el más “clasemedia” de los dos, crece un vínculo que trasciende la amistad plana que simulan en la superficie, para el mundo exterior. Una atracción erótica que sorprende a ambos, criados en un entorno que se adivina de virilidad exacerbada —piñas, minitas, pornocumbia, fierros—, pero que, para beneficio de la historia, no los paraliza. Al contrario: en el medio de la transformación asesina de Paraná, en ese mundo raro, crecerá algo como un amor áspero que arrastrará a los dos, y al lector, hasta el final de violento dramatismo.

Ambientada en un universo de suburbio empobrecido, Forcinito elige un lenguaje crudo, callejero, por momentos chocante. A su vez, las voces que construye registran con gran acierto el habla de la periferia. “Habla” en un sentido amplio ya que, como en la vida, abundan en la novela otras formas contemporáneas de la comunicación, como los mensajes de texto y las ventanas de chat. Con criterio, sea cual sea el canal, el autor toma de esa lengua coloquial sólo aquello que mejor se ajusta a su propósito narrativo, sin abusar de slang innecesario, algo que no siempre es fácil de manejar. Es que si bien En tu mundo raro y por ti aprendí es su primera incursión en la novela, Forcinito ha trabajado antes en poesía y, sobre todo, en cuento. Conocí y admiré oportunamente su trabajo en las antologías de la Abadía de Carfax (*). En aquellos relatos, algo apartados del realismo feroz de esta novela, pero como ella instalados siempre en el conurbano de Buenos Aires, ya mezclaba eficazmente la oralidad cotidiana con elementos sobrenaturales.

Un prometedor debut, un personaje de esos que se las traen —del que ya se anuncia una segunda parte para este 2015—, y a la vez una incorporación valiosa al interesante catálogo que de a poco va reuniendo la joven editora Metalúcida.

 (*): mi preferido entre aquellos siempre fue “Perras in de nai”.